lunes, 9 de diciembre de 2013

Suerte dispar en Hanifaru

Luis AMeller | www.calanportersub.info Quizás a más de uno le suene la bahía de Hanifaru, está en Maldivas y es posiblemente uno de los lugares mágicos para el encuentro con Mantas. Pasados los años este enclave se ha popularizado haciendo que las autoridades finalmente impongan una tasa de entrada, acoten el acceso y limiten el tiempo y número de visitantes a la zona. A la bahía acuden para alimentarse las Mantas aprovechando la zona más somera en la cuál se acumula el plancton en ciertas fechas del año; y precisamente entonces es cuando se da el maravilloso espectáculo de ver hasta 200 mantas formando "carruseles" y ejecutando acrobacias  para alimentarse, un verdadero circo submarino de elasmobranquios. Aquí un ejemplo. (ver vídeo)

En nuestro caso; nos desplazamos hasta el Atolón de Baa y llegamos a Hanifaru para no ver ni rastro de Mantas en el lugar famoso y habitual, recorrimos las zonas cercanas, los pináculos próximos y gran parte de la bahía sin éxito.
Tras casi 1hr de búsqueda estabamos de camino a casa algo desilusionados a pesar de que ya nos habían avisado de la falta de avistamientos en diciembre; cuando nuestro barquero nos propuso buscar en varios puntos más dónde a menudo ve mantas mientras pesca.
¡Dicho y, hecho!

Inicialmente, nos daba un poco de miedo que Hanifaru fuera una especie de "Zoo", no lo es y si bien no tuvimos suerte nuestros encuentros más fortuitos y "al natural" nos dieron la ocasión de nadar con tres Mantas en una laguna no muy alejada de la zona sur del atolón de Baa.
Aquella misma tarde recorrimos la laguna interior de nuestro propio atolón, Goidhoo; en dónde el día anterior buscando tortugas ya habíamos visto una Manta solitaria para nuevamente dar con otros seis ejemplares.
La luz baja del sol al atardecer, el agua cargada de plancton y el fondo arenoso removido dificultaban ver estos maravillosos animales hasta que uno no estaba a 4 metros de ellos.
Me sorprendió lo asustadizas que eran, las tenía por unos bichos curiosos y al vernos rápidamente nos esquivaban para zambullirse a gran velocidad; ¿quizá el rumor de la barca las espanta? O, ¿quizá formaba parte del juego?

Intenté seguirlas, obviamente imposible; intenté esperarlas pero no me bastó el tiempo.
Resumiendo, buceé poco con ellas para mi gusto pero suficiente para que este bicho me maravillara una vez más.  
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